Ir al contenido principal

Círculo de lectura virtual: "El balcón", "Mi primer concierto" y "Nadie encendía las lámparas" de Felisberto Hernández

A falta de algo de peso, me limito a las obviedades. En los relatos de Felisberto Hernández acaso presenciemos la incorporación de una realidad de lo más simple dentro de un mundo, sino plenamente fantástico, sí al menos que explora el alma de las "cosas" o de las sensaciones, donde se les dota de vida, de un lenguaje. No parece importar -tal vez incurra en el primero de muchos errores en mis apreciaciones- el asunto de las historias o la escena en las que éstas tienen lugar, lo medular parece ubicarse en las "cosas diminutas" -en esto, como en otros aspectos, veo a un antecesor de Cortázar. Hernández aporta imágenes e ideas geniales, metáforas insospechadas, sinestesias riesgosas o como quiera decirse: "El silencio que se agranda en la gran tapa negra del piano", "al silencio le gustaba escuchar la música", "la gran sonrisa del gran piano, amarillenta, que parecía ingenua", "encender sonidos", "una melena ondulada, apoyada contra el muro, como una enredadera que crece dentro de una casa abandonada" o "El ruido de los cubiertos entretenía el silencio". Se trata aquí del juego con la cotidianidad.
Es para resaltar la presencia de "lo absurdo" en algunas situaciones, como la prolongada e inexplicable estancia del pianista en la casa de "El balcón" o el ambiente que se respira en "Nadie encendía las lámparas". Asímismo, ciertas líneas o parlamentos intrigan sobremanera, resultan inconexos, siempre remiten a un por qué que quizá carezca de respuesta o en la que se encuentre la clave que descifre el relato.
De índole menos fantástica que "El balcón" o el "El acomodador" -otra obra del mismo libro de cuentos-, "Mi primer...." y "Nadie encendía..." exploran la infinita gama de sensaciones e ideas que recorren, que chocan entre sí confundiéndose, el cuerpo y el alma humana en una situación determinada, y que al final sólo dejan en claro el gran nudo de nervios que constituye al hombre.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Reseñas deshilachadas: El boxeador polaco, de Eduardo Halfon

Luego de algunos años vuelvo con estas Reseñas Deshilachadas. Desde la última reseña, he leído muchos libros que habrían tenido un sitio en la línea que he intentado seguir aquí, pero la vida y la acedía que aquella ocasiona me lo han impedido. Ya tendré oportunidad de resarcirme. Recién termino "El boxeador polaco", de Eduardo Halfon, un libro de nueve cuentos donde el personaje central -con excepción, quizá, del que lleva el nombre de la colección (si bien también allí aparece)- siempre parece ser alguien al  que podríamos denominar "Halfon", según se deduce del primero de los cuentos. Poco me interesa identificar a este narrador-personaje con el autor de la colección. A ese efecto, me he abstenido de leer la contraportada, la cintilla o la sección final "sobre el autor". Mejor así. Lo primero que se me antoja expresar aquí es el asunto de los ambientes en los relatos: la vida universitaria, las aulas, en el caso de "Lejano", los bares en el ca...

Nosotros los Checos, Tomáš Míka (versión anotada)

Publicado con el consentimiento del autor ¡La verdad prevalezca! [1] Porque nosotros los Checos somos avispados Porque nosotros los Checos somos sacatones Porque nosotros los Checos somos héroes sin temor y sin tacha [2] Porque nosotros los Checos somos perseguidos por el destino A nosotros los Chequitos nada nos toma por sorpresa Nos robamos hasta los calcetines [3] y todavía nos hace gracia A nosotros los Checos nos da miedo contradecir a la autoridad Nosotros los Checos le dimos al mundo el robot los lentes de contacto [4] Jan Amos los prácticos Škoda los pepinillos de Znojmo [5] Milan Kundera y muchos otros inventos sin los que hoy la humanidad volaría imperceptible en cazas invisibles despedazados por semtex [6] Somos el país de los Masaryk [7] Somos el país del maestro Jan [8] Somos el país oculto en cantinas de sótano de la ciudad de Tábor con el rosario atado a la muñeca [9] Nosotros los Checos no somos gitanos polacos judíos Nosotros lo...

Historias de cronopios y de famas / Manual de instrucciones - Prólogo, por Julio Cortázar

Catecismo frecuente de este tecleador, cuya lectura le ha provisto de una escama protectora contra esta maraña "que se proclama mundo", el texto que sigue es una nítida muestra de lo que se denomina "cortaziano". No deja de sorprenderme. La tarea de ablandar el ladrillo todos los días, la tarea de abrirse paso por la masa pegajosa que se proclama mundo, cada mañana topar con el paralelepípedo de nombre repugnante, con la satisfacción perruna de que todo esté en su sitio, la misma mujer al lado, los mismos zapatos, el mismo sabor de la misma pasta dentífrica, la misma tristeza de las casas de enfrente, del sucio tablero de ventanas de tiempo con su letrero "Hotel de Belgique" . Meter la cabeza como un toro desganado contra la masa transparente en cuyo centro tomamos café con leche y abrimos el diario para saber lo que ocurrió en cualquiera de los rincones del ladrillo de cristal. Negarse a que el acto delicado de girar el picaporte, ese acto por el cual tod...