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Praga 00:00 hrs

   Una de las muchas cosas que me gustan de esta ciudad es la pasmosa tranquilidad con la que se viaja en el transporte público a la medianoche. (¿Acaso muchos no se desgañitan la garganta diciendo que lo importante de la vida son las pequeñas cosas?) En el metro, la comodidad es mucho mayor que durante el resto del día y la gente no sufre ninguna metamorfosis, el ambiente no cobra tintes sombríos, y no hay ni un milímetro de temor en los vagones. Las personas son las mismas: gente de oficina, obreros, estudiantes, ancianos, procedentes del trabajo o alguna reunión, sí, seguro alguna reunión, eso sí, todos con varios litros de cebada en las venas. Pero eso no hace ninguna diferencia. Sólo en algunas ocasiones, muy raras, los checos se conectan. Me ha tocado presenciar una de ellas.    Había subido en la estación Namesti Miru para transbordar en Muzeum. Una vez instalado en el tren (con seguridad el último del día) que me llevaría a mi casa, comencé a mirar a las p...

Hoy ví a mi amigo, el poeta Luis Marín

Hoy ví a mi amigo, el poeta Luis Marín. Fue en mi viaje a bordo del autobús 213 con rumbo a Jižní Město, donde tenía mi casa. Mi amigo subió en Chodovska, si mal no recuerdo. Leía y no me percaté de su presencia hasta que instintivamente supe que alguien se acercaba a mi asiento. En ese momento, levanté la mirada y lo ví. Por una ráfaga de tiempo nuestros ojos se encontraron, pero de inmediato me dio la espalda y fue a sentarse a unos metros delante de mí. Era un hombre ya maduro, quizá llegando a la cincuentena. Lo reconocí por el bigote. Cuánto me sorprendió que aún gustara de llevar el pequeño bigote que hacía años acostumbraba dejarse, aunque no desde el principio, quiero decir en el momento en que lo conocí, sino pocos años después. Aún recuerdo las burlas con las que se refería a su doble apariencia, a su doble yo según se dejara ese trozo de vello sobre la nariz o se lo afeitara. Había subido de peso aunque también es cierto que la gruesa chamarra contribuía a crear esa posibl...

La ruta de la cebada, capítulo 1

de como el azteca praguense quiso dejar de ser un consumidor poco exigente y se lanzó en búsqueda de los misterios cerverceros de esta ciudad. Hastiado de enterarse siempre al último de cualquier evento o espectáculo de verdadero interés que se suscita en la ciudad, de la existencia (por regla general a pocos días de sus respectivas muertes) de cantantes y artistas al parecer celebérrimos, y sin que tenga mucho que ver al final lo dicho anteriormente, nuestro personaje ha decidido verse muy yuppi, no ir más lejos, no buscarle tres pies al gato, y centrarse en lo que tiene frente a las narices, en lo que se le va el dinero y lo que lo acompaña religiosamente día a día, el producto "kat'ecsoxin" por estos parajes y que al parecer -según la leyenda- aquí vio la luz a instancias de Radegast, el dios eslavo de la hospitalidad y la fertilidad: la chela pues (pivo por acá). ¿Y qué otra cosa podía hacerse con ella sino ingerirla a grandes cantidades? -se preguntaba nuestro azteca...

Comentarios: "Los detectives salvajes" de Roberto Bolaño

Capítulo I: Mexicanos perdidos en México (1975). Antes que otra cosa: México. México como escenario de personajes desclasados. Ya en el título del capítulo percibo una tautología. Y entre todo ese mar de perdición, Bolaño toma una muestra, privilegia una clase. México, país de poetas. Desde la Colonia, los poetas (o poetastros) pululan por todas partes. Su número es ingente. Sin embargo, se caería en un error si se pensara que estamos ante un análisis del "lirismo mexicano", de sus estilos, de sus influencias... No, no es la disección de la poesía o del poeta de lo que aquí se trata. También en la poesía hay clases. También hay un edificio bien construido en donde no todos tienen cabida. Los "poetas" aquí retratados no son por supuesto los "oficiales", "la élite" (o los "achichincles de Paz" como afirma alguien en la novela), pero tampoco son la "contracultura", "lo alternativo", no, para esto también hay que entr...

Nostalgia del Vip's

Sábado por la mañana. Extrañamente me levanto antes de las ocho rabiando de hambre. En el refrigerador pan, queso para untar, salami y tallos de cebolla cambray (lo importante acá son los tallos, no la cebolla: se pican y se colocan sobre el pan, el queso, el jamón...). ¿Salir a desayunar? Nada abierto fuera de cafeterías con confituras y pan dulce. La única que conozoco con alguna clase de desayuno, aunque americano, queda muy lejos. En todas partes la comida comienza hasta las 11 ó 12. De inmediato el recuerdo: las múltiples opciones mañaneras de la patria, desde las carnitas y la barbacoa hasta la cafetería-restaurante de variedad por llamarlo de alguna manera. En suma, que en la República Checa no hay cadenas tipo Vip's, Sanborns, Toks... no. Claro, las grandes cadenas están aquí: Mc'Donalds o KFC (Burger King apenas llegó el año pasado, presencié su llegada). Y es que estos países son tierras aún recien descubiertas por las colosales firmas. Ya hay muchas cosas acá, claro...

"Los jefes". "Los cachorros": Mario Vargas Llosa

Esta semana me encontré con algunos de los textos tempranos de Vargas Llosa. Mi primera impresión ante la obra había sido, hasta antes de la lectura de "Los cachorros" -el último texto del volumen-, de total comprensión. Comprensión por una producción bien escrita, pero sin ser sobresaliente. Las historias si bien son simples, no son un problema en sí mismas. Quizá lo que desagrade sea la manera de contar. Es clara la mano del escritor novel, inexperto, que a finales de los años cincuenta se da a conocer con estos cuentos, pero más allá de eso, me doy cuenta después de haber leído otras novelas de la producción posterior de Vargas Llosa que este autor nunca me ha conquistado. Hago una comparación rápida y burda entre Vargas y Carlos Fuentes. Éste último tampoco ha podido complacerme del todo, y sin embargo puedo -humildemente y no sin mucho trabajo- ver el genio en su manejo del lenguaje, por ejemplo, en sus vivas descripciones de caracteres. Pero en Vargas no encuentro muc...

La noche de brujas y el día del beso

La semana anterior presencié dos tradiciones checas -y europea una- de gran relieve. La primera, pagana, la célebre Noche de Walpurgis (Walpurgisnacht en alemán o Valpuržina noc en checo) o Noche de brujas. De gran presencia en la literatura y otras esferas del arte, este día -la noche del 31 de abril al 1 de mayo- era el elegido según la tradición celta-vikinga para celebrar la renovación del aňo, el paso del invierno a la primavera. Más tarde fue elegido como momento de reunión para llevar a cabo actos de hechicería. A la fecha, se acostumbra hacer una fogata a la mitad de un bosque y quemar muňecas de papel o cartón con formas de bruja. Después de dicho acto se procede a chupar el resto de la tarde. Es decir, tenemos un caso más en que una tradición se ha desvirtuado. Por desgracia, no nos fue posible observar de cerca el suceso. El siguiente día, el 1 de mayo, ha sido instaurado poco a poco en la Rep. Checa (además del día del trabajo, que no tiene nada que ver) como "ofi...