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"Los jefes". "Los cachorros": Mario Vargas Llosa

Esta semana me encontré con algunos de los textos tempranos de Vargas Llosa. Mi primera impresión ante la obra había sido, hasta antes de la lectura de "Los cachorros" -el último texto del volumen-, de total comprensión. Comprensión por una producción bien escrita, pero sin ser sobresaliente. Las historias si bien son simples, no son un problema en sí mismas. Quizá lo que desagrade sea la manera de contar. Es clara la mano del escritor novel, inexperto, que a finales de los años cincuenta se da a conocer con estos cuentos, pero más allá de eso, me doy cuenta después de haber leído otras novelas de la producción posterior de Vargas Llosa que este autor nunca me ha conquistado. Hago una comparación rápida y burda entre Vargas y Carlos Fuentes. Éste último tampoco ha podido complacerme del todo, y sin embargo puedo -humildemente y no sin mucho trabajo- ver el genio en su manejo del lenguaje, por ejemplo, en sus vivas descripciones de caracteres. Pero en Vargas no encuentro mucho que pueda resaltar.

En cuanto a las temáticas de "Los jefes" se nota una constante: el escrutinio, el examen o la crítica de la hombría, de la masculinidad, según se la entiende en el Perú y quizá en toda A. Latina. Para Vargas parecen deplorables las formas de comportamiento del varón, del macho, sobre todo cuando hay que decidir o resolver un conflicto con otros de la especie. Sin poder asegurarlo, me da la impresión que cada narración responde a una etapa en la vida del hombre y a una situación distinta de su vida. Así, se pone en consideración la vida del niño durante su paso por la escuela ("Los jefes"), las formas en cómo desde la temprana edad se va gestando la idea del poder, la rivalidad, la rebeldía, el odio o ("Día domingo") la inevitable sociedad con el ser odiado. En "el desafío", la idea es llevaba a la edad "madura" del hombre. Hay que batirse en duelo simplemente para mantener limpio el honor, y esos códigos los entienden y siguen todos, incluso el padre del derrotado, quien había incluso incentivado más que nadie a su hijo durante el combate. En "El hermano menor" se muestran como algo incomprensible para el hombre citadino las prácticas "de la sierra". Se cuenta la cacería de dos hermanos contra un hombre del campo que presuntamente ha violado a la hermana de aquellos. Consiguen aniquilarlo, teniendo un papel preponderante el hermano que tiene su residencia permanente en la campiña (El otro, proveniente de la ciudad, parece estar de visita en la hacienda familiar.) La hermana intenta en vano salir de la hacienda para impedir el crimen de los hermanos. Al final confiesa que el indígena no ha tenido culpa y que ella lo ha inventado todo. El hermano menor, el de la ciudad, se pone fúrico; los demás lo dejan hacer. Al final se calma. Parece someterse a las leyes incomprensibles.

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