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Reseñas deshilachadas: Sergio Pitol, "El mago de Viena", Pre-textos, ensayo / Antonio Ortuño, "Recursos humanos", Anagrama, novela


Dos libros completos en poco más de tres semanas y media, un buen promedio para un habitante promedio del Tercer Mundo, pero aún lejos del de un lector noruego regular y a años luz del de un crítico serio. Una lástima. Junto a ésa, una empresa todavía más alejada de mis capacidades (soy un desidioso, esa es la verdad) es la de reseñar como creo que se debe hacer cada uno de los títulos arriba mencionados. Por ello, me solazo y me conformo con la lúdica idea de verter algunas líneas breves, superfluas y generales que reflejen el gusto o disgusto que me causó la lectura de dichas obras. A ver qué sale.

"El mago..." de Pitol representa el cierre de la llamada "Trilogía de la memoria", compuesta además por "El arte de la fuga" y "El viaje", un conjunto calificado por el autor como "cercano" a la autobiografía, pero cuyo espectro abarca también el ensayo, la reseña literaria y el relato de ficción. Coincido. Este "Mago" contiene algunas cosas valiosas: primero, los comentarios que Pitol hace de la vida y la obra de algunos de los grandes autores de la literatura mundial, así como el impacto de dichos escritores en la formación y en la obra de aquél. Realmente, dichos comentarios ocupan gran parte del libro. Por desgracia, no contiene a mi juicio ningún examen tan abundante y original como el par que se encuentran por ejemplo en el "Arte de la fuga" al analizar bastante a fondo "La corte de Carlos IV" de Pérez Galdós o el "Schwejk" de Hašek. Es también atractiva la forma como va mostrando las "costuras" de su escritura, por ejemplo, cuando menciona la génesis de algunas de sus novelas. Es un buen consuelo para el escritor novel leer estas páginas, pues el lector se entera de cómo por ejemplo la elaboración de la novela "Juegos florales" representó una auténtica némesis para el autor.

No obstante, los defectos que le veo al libro también son varios: en muchos momentos de la lectura da la impresión de estar leyendo similares si no es que las mismas líneas de "El arte...". La repetición de datos y anécdotas (propia de un viejito chocho) se vuelve muy tediosa. Además, nunca profundiza en las anécdotas, son las mismas en los dos libros (a veces también coinciden con noticias incluídas en "El viaje" ) y siempre igual de vagas. Pareciera querer guardar un poco de pudor una vez que ha desvelado cosas quizá para él muy privadas. Si aclarara dudas del lector surgidas de anécdotas anteriores, se entendería la repetición. No sucede tal cosa.

Acaso sea en el "Mago" donde se relate con mayor extensión y coherencia el periplo de Pitol por Europa, pero aún así me siguen faltando datos. Si va a ventilar aspectos de su vida, que lo haga a fondo. Desiste. Una última de muchas similitudes entre los tres libros: en el "Mago" Pitol relata el viaje que realizó a Turkmenistán y lo que ahí sucedió

En "El viaje" se observa un volumen más compacto, más uniforme, es un claro relato de viajes (a Tbilisi, Georgia), similar a la anécdota que incluye en el "Mago" sobre su estancia en Turkmenistán junto a Enrique Vila-Matas.


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No sé si la vida es igual en todo el mundo, pero de lo que no hay lugar a dudas es de que la realidad retratada en la novela es la de la vida de oficina en México, aun cuando nunca se mencione nada que haga alusión a esa realidad geográfica. Está claro que de esa idiosincracia se trata.

Hay mucho humor negro en "Recursos humanos" de Ortuño. Gabriel Lynch, un tipo de baja estofa, poseedor de los defectos más inmundos, se pitorrea durante toda la novela de la miseria, de la suya propia y de la de su clase social, de sus torpes maneras, de su hambre atroz, de las mujeres gordas y feas que tiene a su alrededor

Lynch, hábil en la mentira, el robo vil, cuenta su "historia de odio" en una empresa. En esta novela vale mucho la pena el humor, el cinismo: Lynch recorta las etiquetas de sus camisas baratas para que no se vea de qué marca son, o el "90% polyester/10% algodón". Lynch se burla de su cobardía, él no es más que carne de escuela numerada, un resentido (un resentido sólo pide trabajo por dos razones: para que se lo den y quejarse o para que no se lo den y quejarse más.), un enano.

Las alusiones bíblicas no me quedan del todo claras: Constantino (el odiado jefe) puesto como el Cristo. Se alude explícitamente a Judas, María Magdalena, etc. Lynch prefiere al centurión romano o a los desarrapados que a Cristo

Esa es la vida de Lynch, y su cometido es destruir a su jefe, hacerle la vida imposible sin que se sepa que el orquestador de todo es él. Y aún más, el jefe no sólo no se entera sino que tiene en alta estima a Lynch y lo promueve a puestos más altos. La novela, finalmente, es el recorrido del odio de Lynch, el desarrollo del plan destructor de la vida del jefe (una bomba llega a estallar inclusive dentro de la oficina), y es también Lynch y su relación con las mujeres de oficina, gordas, flacas, mal pintadas, también poseedoras de ropas corrientes o pagadas a plazos en tiendas de medio pelo. Cito una línea significativa. El colchón de su casa muestra un cráter en cuyo fondo acecha la punta metálica de un resorte, y sus "sábanas están limpias -tristemente limpias- pero tan gastadas que se deshilachan en las orillas, tan percudidas que su blancura....". El final me disgusta un poco, pues Lynch recibe el premio que tanto ha buscado: escalar posiciones y arrebatarle el puesto al jefe. Éste, por su parte, ha caído en desgracia. Un día se topa con Lynch, elegantemente vestido, en un restaurante, y comienzan a conversar. Constantino, parece insinuar el autor, es ahora el que habrá de tomar el papel del de abajo y recomenzar el juego.

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