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La ruta de la cebada, capítulo 1

de como el azteca praguense quiso dejar de ser un consumidor poco exigente y se lanzó en búsqueda de los misterios cerverceros de esta ciudad.

Hastiado de enterarse siempre al último de cualquier evento o espectáculo de verdadero interés que se suscita en la ciudad, de la existencia (por regla general a pocos días de sus respectivas muertes) de cantantes y artistas al parecer celebérrimos, y sin que tenga mucho que ver al final lo dicho anteriormente, nuestro personaje ha decidido verse muy yuppi, no ir más lejos, no buscarle tres pies al gato, y centrarse en lo que tiene frente a las narices, en lo que se le va el dinero y lo que lo acompaña religiosamente día a día, el producto "kat'ecsoxin" por estos parajes y que al parecer -según la leyenda- aquí vio la luz a instancias de Radegast, el dios eslavo de la hospitalidad y la fertilidad: la chela pues (pivo por acá).
¿Y qué otra cosa podía hacerse con ella sino ingerirla a grandes cantidades? -se preguntaba nuestro azteca inter checos. Y por un árticulo del periódico donde se mencionaba alguna que otra rareza artesanal hecha de cebada, pensó que sería cagado, primero, ponerse a contar (y a probar, claro está) cuántas marcas, cuántos tipos y cuántas cerveceras existían en este país de diez millones de habitantes, pero también -y he aquí lo relevante para la absurda empresa de nuestro personaje- degustar aquellas cervezas de menor difusión, aquellos sin grandes contratos con bares y tabernas, las cervezas de minúsculas fábricas. De hecho, aquí está el primer dato: en la República Checa hay 125 cervecerías, desde los monstruos hasta las pequeñas tabernas destiladoras.

Desde hace más de quince meses el azteca ha probado ya un buen número de marcas comerciales de gran renombre. Por ejemplo, casi desde el primer momento -y hasta la fecha- la malta negra de Krusovice o Budvar, de intenso sabor, lo ha tenido plenamente satisfecho. Sin lugar a dudas es un incondicional de este par de estampas. Después vinieron Bernhard y Primator, también muy respetables en su versión oscura, además de ser (a según de este investigador chelero) Primator la marca con un mayor número de pintas dentro de su repertoire. Del célebre tipo "Pilsener" (las claras), el mexican se adhiere a la vox populi chequiorum, la muy comercial aunque bien considerada Pilser Urquell es la que manda, aunque no desmerecen (si está con ganas de no alborotarse tanto el coco) Staropramen o, aquí también, Bernhard.
Terminamos este primer acercamiento mencionando las, digamos, cervezas para consumidores primarios: Gambrinus o Branik

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