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Publica sin límites

Permítanme contarles en esta ocasión lo que me encontré esta mañana en la red 


Recientemente un sitio en español (bubok.es) ha comenzado a funcionar como editorial y librería virtual. Sí, así es. Se trata de una idea que, como todas en la posmodernidad, proviene de Estados Unidos (una vez más -¡qué acedia!- somos testigos de una de esas historias americanas que tienen como protagonistas a hombres -y mujeres- esforzados y creativos, nuevos estandartes del mundo libre, que decidieron ponerse en pie de guerra desde su pequeño reducto contra las grandes corporaciones, para finalmente volverse una corporación más con agentes delegados, consejeros, etc.). Según se hace patente en el sitio, ahora "todos" podrán publicar en Bubok de forma gratuita, o al menos todos los que tocaban puertas en las editoriales tradicionales, las antediluvianas, y nadie les abría. Como todo ahora, publicar un libro será muy fácil; sólo se sube el documento en formato pdf, se elige el diseño del libro, la portada, etc., y el sistema evalúa el costo final del producto, ya sea impreso o virtual (servicios extra, por supuesto, suponen cargos desde los 50 euros por correciones en la portada diseñada, hasta los 700 por la correción del estilo).

Pues muy bien, pero a mí todo esto me deja la mar de dudas y recelos. Primero, no me queda claro el asunto de las ganancias. Según el artículo de EL PAÍS por cada venta el autor gana el 80% y la editorial sólo el 20%; sin embargo el sitio no deja nada en claro acerca de los mecanismos al respecto. Luego, aun cuando veo difícil que yo vaya a adquirir algún ejemplar ahí, es seguro que miles lo harán y, en el supuesto de que publiquemos una obra en ese lugar, ¿cómo va a saber el comprador que nuestro libro es "bueno" o, algo más grave, auténtico en el sentido literal y no un plagio tomado de internet? En efecto, en una tienda virtual el cliente también puede "hojear" el libro (dios, hay que cambiar los verbos, el idioma todo, las palabras ya no sirven) y decir ¡ah!, qué libro tan interesante, lo llevo. No obstante, si pensamos que ya con los libros "reales" se carece muchas veces de referencias en cuanto a la calidad del contenido, me imagino que la cosa empeora con los virtuales. En cuanto a la autenticidad del volumen, el lector está plenamente desprotegido. Por la vía tradicional, un autor publica luego de que -se supone- su libro ha pasado por el tamiz de la edición y de la crítica, o quizá luego de que ha ganado un concurso de poesía o narrativa y un grupo de escritores profesionales y reconocidos lo ha considerado no sólo ganador, sino también digno de publicación. En estos casos queda casi descartado el plagio, pero ¿cómo asegurarlo en las publicaciones virtuales, donde aparentemente nadie aprueba o reprueba el texto publicado?


Segundo, y sí, se trata de verle siempre el lado malo a las cosas; descreo de los lados buenos en cuestiones en donde interviene una operación financiera. ¿Los infatigables filtros naturales serán capaces de superar esta durísima prueba? ¿No estará impulsándose exorbitantemente la ínfima calidad en las producciones literarias? Digo exorbitante porque de hecho esto ya sucede en muchas editoriales con material impreso (punto por el cual no censuro totalmente la idea de la "impresión virtual").

También hablaba de recelos porque ¿no es acaso parte del mundo literario el buscar y tocar puertas, el atender críticas autorizadas, el aceptar la aprobación o el rechazo, y luego, por fin, la meta anhelada, la publicación? ¿Por qué todo tiene que ser digno de publicación? Publicar en sí mismo para mí carece de valor; se trata de publicar después de que el manuscrito ha dado infinidad de tumbos, de que ha sido leído aquí y allá, corregido una y otra vez, rechazado -con atenuantes o sin ellos- o aceptado y, a veces... el paraíso.


En fin, parece que no todo es reprochable en este tema. Creo que no es desdeñable la idea de que si bien un autor quizá no tenga ganancias con sus escritos, el hecho de tenerlos expuestos en la tienda cyber-espacial le ayude a conseguir los contactos necesarios -tal vez- para el acercamiento al modelo arcaico de edición y publicación, porque una cosa parece segura: si bien es cierto que éste, el modelo tradicional, se caracteriza por la reticencia, la incapacidad o la severidad -espero- para aceptar todo manuscrito que llega a sus oficinas y por la injusta desproporción entre sus ganancias y las del autor, sigue siendo el más deseable. El otro, el virtual, me parece simple producto -aunque con serias intenciones de quedarse- de la ira de un malhumorado autor, irresponsable a mi juicio y con probabilidad no un gran escritor, que se sintió esquilmado por los rapaces publicistas de la edición.


El diario EL PAÍS cierra con este enunciado: "Con la Red, los malos escritores seguirán siendo malos, pero al menos su suerte no dependerá exclusivamente de la crueldad de un editor". Me parece que de esta manera se deja a la intemperie a los lectores, quienes muchas veces no tienen las herramientas necesarias para decidir entre "buenos" y "malos" libros (sé que entro en un terreno subjetivo en demasía, y en el que por desgracia se le hace cada vez menos caso a los críticos). Me parece también que los malos escritores corren el riesgo -o los lectores lo corremos- de ser considerados buenos, de que surjan -como de hecho ya sucede- otros estándares, inclusive un "corpus literario alternativo" o que existan distinciones y discriminaciones según la proveniencia del libro. Bueno, quizá sea época de cambios.


Quedan muchas preguntas, por ejemplo sobre el copyright, ¿qué pasa si se publica una traducción en Bubok de la obra de determinado autor? ¿se paga derechos de autor? ¿a quién y de qué manera? Por último, con respecto al eslogan de Bubok "publica sin límites" -que francamente me parece peligroso- ¿acaso no son los límites los que nos salvan todavía tantas veces?

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